Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, la provincia también perdió 683 empleadores. La actividad hidrocarburífera registró la mayor caída en cantidad de puestos de trabajo, mientras que la construcción redujo casi un 30% de su empleo formal. El impacto alcanza además a sectores vinculados al movimiento de equipos, servicios, transporte e industria.
El mercado laboral formal de Chubut sufrió un fuerte retroceso durante los primeros 30 meses de la gestión de Javier Milei. Entre noviembre de 2023 y mayo de 2026, la provincia perdió 13.741 puestos de trabajo registrados y 683 empleadores, según un informe del Centro de Economía Política Argentina (CEPA), elaborado con información de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo (SRT).
La caída llevó a que los trabajadores registrados en unidades productivas pasaran de 166.176 a 152.435, mientras que la cantidad de empleadores descendió de 7.852 a 7.169. En términos porcentuales, significa una baja del 8,3% en el empleo y del 8,7% en la cantidad de empresas con trabajadores registrados.
Pero el dato general adquiere otra dimensión cuando se observa dónde se produjo la mayor pérdida de puestos. Allí aparecen dos actividades centrales para la economía chubutense: el petróleo y la construcción.
El petróleo, al frente de la pérdida de puestos
La categoría de explotación de minas y canteras, dentro de la cual se encuentra la actividad petrolera, fue la que más puestos de trabajo perdió en términos absolutos durante el período analizado.
El sector terminó mayo de 2026 con 3.327 trabajadores registrados menos que en noviembre de 2023. La caída representa un 27,3% de su dotación laboral.
Para una provincia como Chubut, donde la actividad hidrocarburífera tiene un peso histórico en la generación de empleo y en el movimiento económico de ciudades como Comodoro Rivadavia, el número resulta especialmente significativo.
El petróleo, además, tiene una particularidad que no siempre queda reflejada en las estadísticas sectoriales: detrás de cada puesto directo existe una cadena de empresas y trabajadores que dependen de la actividad. Servicios especiales, mantenimiento, transporte, metalmecánica, logística, alquiler de equipos y distintos proveedores forman parte de ese entramado.
Por eso, cuando disminuye la actividad en los yacimientos, el impacto no necesariamente queda limitado a las empresas operadoras. La menor demanda también puede sentirse en compañías contratistas y proveedoras que dependen de los niveles de inversión y producción.
En Chubut, además, la situación petrolera tiene un componente estructural. La provincia forma parte de la cuenca del golfo San Jorge, una zona de explotación convencional madura que enfrenta desde hace años el desafío de sostener la producción y competir por inversiones frente al crecimiento del no convencional en Vaca Muerta.
El resultado es una situación diferente a la que atraviesa Neuquén, donde el desarrollo de Vaca Muerta viene impulsando inversiones, actividad y empleo en distintos eslabones de la cadena energética.
La construcción perdió más de uno de cada cuatro puestos
El otro gran protagonista de la caída es la construcción. De acuerdo con el informe de CEPA, el sector perdió 2.734 puestos de trabajo registrados entre noviembre de 2023 y mayo de 2026. La disminución fue del 28,3%, una de las mayores caídas porcentuales entre las actividades relevadas.
Los números muestran que el problema no se limita a una reducción coyuntural de algunos meses. La construcción viene atravesando un período prolongado de menor actividad, con consecuencias sobre empresas contratistas, trabajadores y proveedores.
Los registros del IERIC muestran que en marzo de 2026 Chubut tenía 6.293 trabajadores registrados en la construcción, un 3,3% menos que los 6.506 contabilizados un año antes. Frente a marzo de 2023, la diferencia era todavía mayor: la provincia había perdido más de una cuarta parte de los puestos del sector.
La paralización o reducción de la obra pública nacional tuvo un peso importante en el escenario de la construcción. A eso se sumó una menor dinámica de la obra privada, en un contexto de costos elevados, dificultades de financiamiento y caída de la actividad en distintos segmentos de la economía.
En Chubut, petróleo y construcción no son compartimentos aislados. La actividad hidrocarburífera demanda obras, infraestructura, movimiento de equipos, mantenimiento y servicios. A su vez, la construcción genera actividad para empresas de transporte, corralones, proveedores de materiales, talleres y trabajadores de distintos oficios.
Cuando alguno de los dos sectores se frena, el efecto puede trasladarse rápidamente al resto de la economía. Y cuando ambos atraviesan dificultades al mismo tiempo, el impacto es todavía mayor.
Los datos del CEPA muestran justamente esa dimensión. Entre petróleo-minería y construcción se perdieron 6.061 puestos de trabajo, es decir, aproximadamente 44% de todos los empleos registrados que Chubut perdió durante el período analizado.
A esos números se suman otros sectores estrechamente relacionados con el nivel de actividad. Transporte y almacenamiento perdió 1.204 empleos, la industria manufacturera otros 1.193 y comercio registró una caída de 1.170 puestos.
La pérdida de puestos de trabajo estuvo acompañada por una reducción en la cantidad de empresas. En términos absolutos, el comercio fue el sector que más empleadores perdió, con 192 establecimientos menos. Le siguieron transporte y almacenamiento, con 131; alojamiento y gastronomía, con 78; e industria manufacturera, con 74.
La situación cambia cuando se observa el tamaño de las empresas. Según el relevamiento, la reducción de empleadores se concentró prácticamente en su totalidad en compañías de hasta 500 trabajadores, que registraron 687 establecimientos menos.
Sin embargo, fueron precisamente las empresas más grandes las que concentraron la mayor parte de los puestos laborales perdidos: redujeron sus plantillas en 10.852 trabajadores, frente a una pérdida de 2.889 puestos en empresas de hasta 500 empleados.
Una recuperación que todavía no llega con fuerza a Chubut
El escenario nacional de la construcción comenzó a mostrar algunas señales de estabilización durante 2026, pero la recuperación no se distribuye de la misma manera entre las provincias.
Los datos del IERIC continúan mostrando dificultades para Chubut, que permanece lejos de los niveles de empleo que registraba antes del fuerte retroceso de los últimos años.
La diferencia resulta evidente cuando se compara la situación provincial con el dinamismo que genera Vaca Muerta en Neuquén. Mientras allí el crecimiento de la actividad hidrocarburífera no convencional tracciona a la construcción y a los servicios, Chubut enfrenta el desafío de sostener una estructura productiva históricamente ligada a una explotación convencional madura.
Ese contraste abre una discusión que va más allá de las estadísticas de empleo: qué lugar ocupará Chubut en el nuevo mapa energético argentino y cuánto trabajo podrá generar la actividad petrolera en los próximos años.
Los números dejan una fotografía difícil de ignorar. En dos años y medio, la provincia perdió más de 13.700 empleos registrados y casi 700 empleadores. Petróleo y construcción explican una parte sustancial de ese retroceso y, al mismo tiempo, son dos actividades con capacidad para movilizar a buena parte del resto de la economía provincial.
El desafío pasa ahora por recuperar niveles de inversión que permitan sostener la actividad hidrocarburífera, darle mayor competitividad a la producción de la cuenca del golfo San Jorge y volver a poner en marcha la construcción como generadora de empleo.
Porque en una provincia donde el petróleo sigue siendo una de las principales fuentes de actividad económica, la discusión sobre empleo no puede separarse de lo que ocurre en los yacimientos. Y tampoco de lo que sucede alrededor de ellos.
